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ELIZABETH CIANCIO - 'Ser acompañante terapéutico hoy es resistir: sin ley, sin derechos claros y con una demanda creciente'
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ELIZABETH CIANCIO - 'Ser acompañante terapéutico hoy es resistir: sin ley, sin derechos claros y con una demanda creciente'

En el marco del Día del Acompañante Terapéutico, que se conmemoró el pasado 3 de mayo, dialogamos con Elizabeth Ciancio, profesional del área, quien brindó un panorama profundo sobre el rol de los AT, su importancia en la vida cotidiana de las personas y las dificultades estructurales que enfrenta la profesión en Argentina.


'El acompañante terapéutico es quien sostiene, acompaña y promueve la autonomía de una persona en su vida diaria', explica Ciancio. Lejos de limitarse a un ámbito específico, su trabajo atraviesa múltiples escenarios: escuelas, domicilios, espacios laborales e incluso contextos judiciales.


Un rol clave, pero aún invisibilizado


Los AT forman parte de equipos interdisciplinarios junto a psicólogos, psiquiatras, psicopedagogos y otros profesionales de la salud. Su función principal es acompañar procesos vinculados a la salud mental, discapacidad o situaciones de vulnerabilidad, favoreciendo la inclusión y la autonomía.


'Nosotros no intervenimos en lo pedagógico, sino que facilitamos que la persona pueda habitar esos espacios: socializar, ir al baño, regular emociones, participar', detalla.


Sin embargo, este rol suele ser malinterpretado. En muchos casos, las obras sociales o instituciones los encuadran erróneamente como 'maestros de apoyo' o directamente los reemplazan por otras profesiones, desconociendo su especificidad.


La falta de una ley nacional


Uno de los principales reclamos del sector es la ausencia de una ley nacional que regule la actividad. Actualmente, unas 13 provincias cuentan con legislación propia —como Córdoba, Santa Fe, Neuquén o Chaco—, lo que genera marcadas diferencias en las condiciones laborales.


'La ley nos ampararía profesionalmente, nos daría derechos y nos incluiría en un nomenclador. Hoy no figuramos en ninguno', señala Ciancio.


El nomenclador establece valores de referencia para las prestaciones de salud. Al no estar incluidos, los honorarios de los AT quedan sujetos a decisiones arbitrarias de obras sociales y prepagas.


Precarización laboral y pagos demorados


La realidad laboral de los acompañantes terapéuticos está atravesada por la precariedad. La mayoría trabaja como monotributista, sin vacaciones pagas, aguinaldo ni licencias.


A esto se suman demoras en los pagos que pueden extenderse durante meses, trámites burocráticos complejos y sistemas administrativos exigentes.


'Podemos trabajar hoy y cobrar dentro de seis u ocho meses. Mientras tanto, tenemos que pagar monotributo, alquiler, comida. Vivimos endeudados', afirma.


Además, nuevas exigencias como sistemas digitales de validación (tokens) complejizan aún más el ejercicio profesional.


Más allá de la escuela


Si bien muchas personas asocian el rol del AT al ámbito escolar, su tarea se extiende mucho más allá.


En los domicilios, por ejemplo, actúan como una extensión del tratamiento clínico: 'Sostenemos lo que ocurre en el consultorio, acompañamos procesos de rehabilitación y ayudamos a que la persona no abandone su tratamiento'.


También existe la figura del acompañante terapéutico judicial, especialmente desarrollada en provincias con legislación, donde intervienen en procesos de revinculación familiar bajo orden judicial.


'Ahí garantizamos la protección del menor y acompañamos procesos muy sensibles, siempre desde un lugar neutral', explica.


Un trabajo artesanal


Más allá de las dificultades, Ciancio define su profesión como un trabajo 'artesanal'.


'Es un acompañamiento de hormiga, con paciencia, respeto y amor. Trabajamos con los tiempos de la persona, no con los nuestros', sostiene.


En ese vínculo cotidiano, se construyen espacios de confianza que permiten a las personas desarrollar su autonomía y proyectar su vida desde sus propios deseos.


Un reclamo urgente


En un contexto donde crecen las demandas en salud mental y discapacidad, el rol del acompañante terapéutico se vuelve cada vez más necesario.


Sin embargo, la falta de reconocimiento legal y las condiciones laborales precarias ponen en riesgo tanto a los profesionales como a quienes dependen de este acompañamiento.


'Seguimos resistiendo, poniendo el cuerpo y el corazón. Ojalá pronto podamos decir que tenemos una ley', concluye.


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